Los grandes maestros nos enseñan a entendernos a través de nuestras propias historias recreadas en didácticas presentaciones. El fabulista francés Esopo desarrolló una especial habilidad para descifrar el comportamiento humano. Lo hizo a través de la literatura narrando situaciones particulares de actuaciones equivocadas o contradictorias para la convivencia en una serie de sencillos cuentos. Buscaba dar una orientación sobre el comportamiento que se supondría es el apropiado, dejando al final lo que se conoce como una moraleja.
Sus cordiales diatribas dejaban lecciones para enriquecer nuestro proceder, haciéndolo con sutileza y cierta ficción como poner a hablar a los animales. En una de ellas, cuenta Esopo que una zorra estaba siendo perseguida por unos cazadores pero se encontró con la cabaña de un leñador y le suplicó que la escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña.
Casi de inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había visto a la zorra. Este con la voz les dijo que no, pero con su mano disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido. Los cazadores no comprendieron las señas de la mano y se confiaron únicamente en lo dicho con la palabra. La zorra al verlos marcharse, salió sin decir nada.
El leñador le reprochó por qué a pesar de haberla salvado, no le daba las gracias. La zorra respondió: “Te hubiera dado las gracias si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo”.
Aquí cabe la moraleja: “No niegues con tus actos lo que pregonas con tus palabras”.
Esta interesante y sencilla fábula de Esopo nos permite evaluar cuánta gente hay a nuestro alrededor que parecieran destruir con los pies lo que con tanto trabajo les cuesta edificar con sus manos. Cuánta gente hay en nuestro medio de proceder incoherente que cuando están al lado de líderes legítimos dicen estar a favor de las personas, pero con su actuar comercial y mercantilista defienden intereses individuales en detrimento de los derechos constitucionales de la mayoría. Eso se llama inconsistencia.
Pregonan la defensa y oportunidades `para niños y jóvenes, pero practican la exclusión del espacio público, del derecho de la gente. Un derecho a construir una ciudad más humana, equitativa y sostenible. Lamentablemente esto ocurre con dirigentes débiles y pusilánimes, nunca líderes, que se dejan utilizar de falsos y desesperados orientadores de opinión.
Los derechos de los niños, de los jóvenes y de los más vulnerables prevalecen sobre los derechos de las minorías privilegiadas. Exigen respeto Ello acontece con individuos que de alguna manera, no han podido decidir qué camino tomar y asumen una posición de doble moral. Es evidente que necesitamos tomar decisiones y entonces, ser consistentes en nuestras acciones. Y que estas respalden la intención de nuestro corazón. Lo contrario es asumir la postura del “leñador de Esopo, sin criterio para tomar una resolución coherente.
fabio121@gmail.com *Consultor en desempeño humano
sábado, 1 de marzo de 2008
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